Economía
Saras D. Sarasvathy
Blanca Gispert
Saras Sarasvathy (Bombay, 1959) es una de las referencias académicas en el mundo del emprendimiento. Profesora en la Universidad de Virginia y doctorada en la Universidad de Carnegie Mellon con una tesis supervisada por el premio Nobel Herbert Simon, esta académica acaba de recibir el premio Global a la Investigación del Emprendimiento que otorga el Research Institute of Industrial Economics. En una visita a la universidad IQS de Barcelona, atiende a La Vanguardia para abordar las claves del emprendimiento.
¿Cuál es la fórmula mágica para emprender con éxito?
Después de estudiar durante años múltiples casos reales de emprendedores, he desarrollado una teoría que rompe algunos esquemas. La he bautizado con el nombre de “tesis de la efectuación” y se resume en cinco principios.
¿Cuáles son?
En primer lugar, la persona que emprende no debe hacer predicciones. No sirven de nada. El futuro es imprevisible, así que no vale la pena gastar el tiempo intentando adivinarlo. En su lugar, hay que trazar la estrategia de negocio a partir de los aspectos que sí están bajo control, rebajar el listón de expectativas.
¿Puede poner un ejemplo?
Muy simple: si una persona quiere cocinar un pastel de chocolate, seguramente se frustrará enseguida porque no conseguirá todos los ingredientes que necesita. En cambio, si se propone cocinar algo dulce, tiene más posibilidades de éxito. No significa que tenga que abandonar la idea del pastel de chocolate, quizá llegue más tarde, pero al principio, es esencial no ser muy exigente.
¿Qué otros aspectos son clave?
Buscar personas que crean verdaderamente en el proyecto. Así se consiguen más recursos, más visiones, y se reparte el riesgo de fracaso.
¿Y qué más?
Es esencial que todo el equipo calcule la pérdida individual que está dispuesto a asumir en este proyecto. Es decir, el dinero y el tiempo que quiere emplear en intentarlo. Contrariamente a lo que muchos piensen, no hace falta dejar el trabajo para emprender. Es todo cuestión de prioridades.
¿Y el resto de los requisitos?
Van vinculados a los anteriores. El cuarto principio dice que el emprendedor debe ser flexible, estar receptivo al cambio. Es un tópico, pero… si la vida te da limones, haz una limonada. En cada fracaso hay una oportunidad. He comprobado que todos los emprendedores con éxito y experiencia han fracasado al menos un par de veces. Así que la persona que emprende debe estar dispuesta a fallar.
¿Y el último?
El último principio va relacionado con la actitud, la mentalidad. A lo largo de mi carrera, he visto que los mejores emprendedores no piensan que ya está todo inventado sino que están convencidos de que ellos pueden cocrear el mercado junto a las personas y el entorno que les rodean. Un claro ejemplo es Sony, que empezó con hervidores de arroz y poco a poco evolucionó hasta convertirse en uno de los líderes mundiales de tecnología.
En su teoría, hace poco hincapié en el dinero necesario para crear una empresa y llevarla a escala global.
Es que yo creo que la persona que emprende no necesita dinero.
¿Por qué? Si la gran mayoría de las ‘start-ups’ recurren a fondos de capital riesgo para crecer.
Mis estudios van más allá de las start-ups y abordan empresas de todo tipo. He observado que los emprendedores que empiezan sin recursos y que no piden financiación extra tienen más posibilidades de éxito.
¿Tiene cifras que lo corroboren?
Nueve de cada diez emprendedores que han conseguido financiación de capital riesgo fracasan en el corto y medio plazo. En cambio, solo cinco de cada diez emprendedores que no recurren a financiación externa acaban cerrando el negocio.
¿Cómo lo explica?
Los emprendedores que no tienen dinero ni recursos se esfuerzan mucho más en conseguir talento, proveedores y clientes y, al final, su producto o servicio acaba encajando mucho mejor en el mercado.
Pero con dinero se puede contratar a los mejores profesionales o a los mejores proveedores…
No es del todo cierto. Con dinero es fácil atraer personas y proveedores buenos, pero su compromiso con el proyecto será débil. A la mínima de cambio, el compromiso se romperá porque su vínculo con la start-up se basará principalmente en el dinero y no tanto en el convencimiento del éxito del producto o servicio. En cambio, el emprendedor sin recursos que consigue captar personas o empresas para colaborar con él, incluso sin recibir nada a cambio, forjará vínculos mucho más profundos porque estos sí van a creer de verdad en el proyecto y las personas. Por tanto, tendrán la mejor información del mercado. De ahí la importancia de mi teoría, de conectar con personas verdaderamente convencidas con el proyecto. Estarán dispuestas a ir hasta el final.
¿Entonces, está incitando a trabajar gratis?
Los inicios de emprender son duros­. Incito a las personas a trabajar­ con expectativas futuras de éxito, a trabajar con aquella “pérdida asumible” que comentaba antes en uno de los puntos esenciales de mi tesis. Muchas empresas de éxito, como Starbucks o Virgin Atlantic, empezaron de la nada. Sin tener influencia en el mercado, los fundadores tuvieron que llamar a muchas puertas para conseguir favores a cambio del éxito posible de su proyecto.
¿Está diciendo que el capital riesgo es perjudicial para el sector emprendedor?
Hinchar de dinero las empresas hará perder el norte de los fundadores, reducirá los esfuerzos de los emprendedores. Pero no culpo a los fondos inversores. Su papel en el mercado consiste en ganar dinero.
¿Qué opinión tiene del ecosistema de Barcelona y del conjunto del país?
No tengo referencias. Es la primera vez que visito la ciudad.
¿Y en Europa?
Creo que en los países nórdicos en general les va mejor gracias a la excelencia de su sistema educativo. Hay que enseñar a los jóvenes que el emprendimiento está al alcance de todos, no solo de unos pocos. Solo se necesita la mente abierta a los cambios y, sobre todo, esforzarse mucho.
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